No sé cómo explicar mi incapacidad de aferrarme a lo que más quiero, la cohibición que hay en mí de dar a conocer tanto querer que asfixia de no poder salir, pelear contra mi sistema nervioso central cuando quiero lanzarme a unos brazos, decidir no perderme en sus ojos, sino ahogarme en la indiferencia de los míos, y anestesiarme la lengua para no gritar lo que está por desbordarse.
Allí frente al abismo en el que quisiera morir, con el forcejeo en mi espalda del sí y el no, las rodillas excitadas y el alma impidiendo un estado de coma, el roce del viento advirtiendo el peligro, el corazón hambriento de adrenalina y la razón arrojando los recuerdos vueltos añicos al tocar fondo, en la lucha con la miopía buscando divisar en el precipicio los brazos que quisiera recibieran la caída, se anima el pie izquierdo a dar un paso atrás y la razón con el "te lo dije" en la punta de la lengua reprocha que no estás para recibir mi rendición.
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