Todo ocurrió tan equivocadamente, tan lleno de errores.
Una vez un sabio nos dijo que ese tipo de círculos siempre terminaban mal, el consejo llegó tarde, tal vez si hubiera llegado temprano... nos habríamos hecho de oídos sordos. Eso era; un círculo vicioso, de hecho, muy vicioso.
Quién sabe en torno a qué giraban, tal vez las soledades se juntaron convirtiéndose en una sola, sin saber que cuando se rompiera el círculo -porque de seguro lo iba a hacer- la soledad no se iba a repartir entre ellos, sino cada uno se la llevaría completa.
La palabra culpabilidad no tiene porqué caber acá, unos erraron porque quisieron de más, otros ni sabían lo que ocurría, y otros, las dos cosas; quién sabe. El caso es que había cierta alegría al ver que algo quedaba, aunque he estado fuera ya tanto tiempo, el saber que aún algunos compartían la soledad, me daba un poco de alivio, al fin y al cabo una compañía dolorosa, sigue siendo compañía. Y no quisiera, de verdad que no, que cargaran la soledad que se juntó, porque pesa mucho, cansa, desgasta, y aveces los hace caer, pero lo peor de todo, y los más dañino es que los hace extrañar.
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